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Martes, 23 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 11:57h
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La pasión por la historia y por transmitir emociones han llevado a Carlos Clavijo a meterse de lleno en las bodegas de La Rioja. (FOTO: DAVID DE HARO)
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La pasión por la historia y por transmitir emociones han llevado a Carlos Clavijo a meterse de lleno en las bodegas de La Rioja.
Carlos Clavijo es malagueño, pero ha sido un anfitrión perfecto de un viaje por la Rioja a través del universo del vino. Él lo comienza a finales del siglo XIX y lo termina en la primera mitad del siglo XX. El recorrido propuesto por el escritor tiene dos versiones: la de papel, a través de El hijo de la vid, y la real, la de los pueblos en los que se ha inspirado su libro, y que bajo el nombre de San Esteban reúne particularidades de localidades como San Vicente de la Sonsierra, Briones, Haro, Ollauri... Hemos tenido la oportunidad de pasar una jornada con el escritor en la zona donde su protagonista cumplió su sueño, hacer vino.
La historia tiene como punto de partida el Puerto de Bilbao, una larga y accidentada travesía y un joven con un sueño en la cabeza: regresar a casa con dinero, recuperar la tierra perdida, trabajarla, asegurar el amor prometido... Más de medio siglo de vida en 575 páginas que nos transportan a un mundo de deseos, pasiones, intrigas y traiciones entre viñedos. "Para escribir este libro he estado en bastantes ocasiones en los pueblos de La Rioja. He hablado con bodegueros que me han contado las historias de sus familias o cómo empezaron ellos. Todos desde cero". Recorrer hoy viñedos y bodegas es otra historia que no tiene nada que ver con la que cuenta Clavijo en su libro. Se ha impuesto la cultura del vino, el esnobismo ha triunfado entre algunos consumidores. Se habla del olor, del aroma, de catas, de conocimientos, pero ¿qué hay detrás de una botella de vino?
La novela narra en 575 páginas 115 años de historias en los campos riojanos
Los viñedos de Bodegas Bilbaínas, de Dinastía Vivanco, de Paternina, de Alicia Rojas y otros muchos productores muestran las vides descarnadas del invierno. La primavera y el verano harán que cambie el paisaje y, en otoño, los campos de Rioja Alta y Rioja Alavesa se convertirán en un mar de hojas en tonos ocres.
PUERTO DE BILBAO Carlos Clavijo ha llevado a DNA a algunos de esos enclaves donde se vive con pasión la magia de crear vino. En todos hay una palabra que define la producción: paciencia. Y muchos sentimientos; emoción, miedo e ilusión, placer y alegría. La novela arranca el 9 de octubre de 1895. El carguero Brunel, lleno de barricas de vino, sale desde el Puerto de Bilbao con destino a Veracruz (México). En él viaja como grumete Miguel, el protagonista de la novela de Carlos Clavijo. Una tormenta hace naufragar al barco y sólo hay dos supervivientes. Tras un tiempo de aventuras y penurias por México, el escenario principal vuelve a ser La Rioja y sus pueblos.
El libro arranca en octubre de 1895 en un carguero que parte del Puerto de Bilbao
Miguel regresa y en San Esteban le espera su novia, Amanda; en Haro están sus padres. Empieza la trama en una parte del corazón de la viticultura. Carlos Clavijo nos lleva a un punto desde el que se puede observar ese paisaje que le ha servido como fuente de escenarios. Es el mirador de Las Vistillas en San Vicente de la Sonsierra. "Es uno de los sitios con mejores vistas de la zona. Se abarca el Ebro, viñedos, muchos viñedos, se distinguen pueblos... Por esa zona se movía Miguel, mi bodeguero".
El libro muestra los esfuerzos de este joven emprendedor, que quiere conseguir su objetivo. Cosechas perdidas, intrigas por temas de amor, luchas de poder, guerras del siglo XX, incluida la guerra civil española, tres hijos, dos varones y una mujer... Todo pasa en seis décadas aproximadamente. Pero también enseña cómo cuando la bodega es una empresa potente y da dinero comienzan las intrigas familiares por el control del patrimonio, algo que no sólo es ficción, también tiene mucho de realidad.
TRASFONDO REAL "Durante mis entrevistas con bodegueros he visto llorar a algunos al recordar todo el pasado de su familia. Muchos hombres y mujeres de esta zona me han comentado que se sentían identificados con lo que contaba mi novela". Clavijo dice sentirse apasionado por los emprendedores. En su novela aparecen personajes también reales como el marqués de Murrieta, que ayuda a Miguel a mejorar su producción de vino, tratando de distinta forma la producción en los viñedos.
Al igual que ocurría en la vida real de la primera mitad del siglo XX, la mujer estaba relegada en la toma de decisiones. De los hijos que tiene Miguel, su hija, Alicia, es la que más vale para el negocio, pero es mujer. Curiosamente, una de las bodegueras más reconocidas en La Rioja es Alicia Rojas y lleva el mismo nombre que la hija del protagonista.
"El libro refleja algo más que lo que ustedes ven en una botella y luego saborean en una copa. Para obtener un vino de calidad se empieza por el viñedo. Hay quien olvida que la técnica en bodega es necesaria, pero antes hay que mimar la tierra y la vid", señalaba uno de los bodegueros de esta zona.
El recorrido de la novela nos lleva en la realidad por Briones, un pueblo monumental que corona desde lo alto todos los viñedos que hay a su alrededor. San Vicente de la Sonsierra también muestra su esplendor desde una cima. Y Ollauri, población creada por un vasco a quien, según algunas historias, debe su nombre. El viaje con Carlos Clavijo termina en Haro, capital del vino de La Rioja y ciudad natal de su héroe emprendedor. En todos los lugares que hemos visitado destaca el número de apellidos vascos, incluidos en las principales bodegas de la zona. "Los vascos siempre han tenido buenas ideas y eso se nota en cómo han ido aplicándolas en los lugares por donde han pasado".
Una de las empresas emblemáticas de Haro es Bodegas Bilbaínas. Fue fundada por unos bodegueros franceses que se habían instalado en la ciudad huyendo de la filoxera que asolaba su país. Hace 110 años fue vendida a unos empresarios bilbaínos de ahí su nombre, que invirtieron en 1901 seis millones de pesetas de entonces.
En la novela también aparecen las luchas y rencillas que imponen las batallas perdidas por un amor. Miguel y Andrés se pelean por Amanda. Soñador y ambicioso el primero, rico y resentido el segundo. Ambos se enfrentan por la tierra y por una mujer. Como en toda historia que se precie triunfan los buenos sentimientos y la pasión, no sin antes dejar rastro y crear leyendas a su alrededor.
Calles, edificios, iglesias, bodegas y campo van conformando un entramado que puede palparse y casi sentirse como verdadero mientras se pasea por estos pueblos y Carlos Clavijo va contando cómo fue entretejiendo la historia de su bodeguero preferido, Miguel. El libro es una oferta para hacer una ruta con los elementos necesarios para satisfacer los sentidos del viajero. Un viajero que quiera perderse entre viñedos que, al igual que en El hijo de la vid, tienen muchas historias. Son 575 páginas rebosantes de emociones.
Gracias por su comentario
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