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Lágrimas de impotencia

El Baskonia es vapuleado por el Real Madrid y protagoniza un triste adiós de la Copa tras un correctivo histórico

oscar san martín - Domingo, 21 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 11:12h

San Emeterio trata de evitar que reciba Lavrinovic, la bestia negra del Baskonia ayer.

San Emeterio trata de evitar que reciba Lavrinovic, la bestia negra del Baskonia ayer. (ALEX LARRETXI)

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barakaldo. La Copa del Rey ya tiene su final deseada. También la más lógica. Costará más o menos asimilarlo, se pondrán poner todos los paños calientes que se quieran y algunos culparán al empedrado, pero no hay más cera de la que arde. Barcelona y Real Madrid. Real Madrid y Barcelona. La supremacía en esta ACB tiene claros nombres y apellidos. Más si el Baskonia, la única alternativa de peso, comparece tan diezmado y en un estado físico tan deplorable. El orden quedará establecido esta tarde en un enfrentamiento épico que promete echar chispas.

La llama de la ilusión se extinguió antes de lo esperado. Únicamente diez minutos aguantó el fino hilo antes de romperse en mil pedazos. Ese esperanzador primer cuarto dibujó un panorama completamente irreal. Transcurrido ese tiempo para que unos y otros aposentaran sus reales y rivalizaran en un fratricida codo a codo, sobrevino la terca pero cruda realidad. Tres cuartos posteriores de permanente calvario donde el conjunto blanco, implacable y convertido en un rodillo inclemente, no dejó ningún resquicio. Ni siquiera hubo un halo de emoción, ya que las desventajas siempre ascendieron, como mínimo, a la decena de puntos.

Tan pronto cayó la tropa alavesa en el abatimiento y se sumergió en una espiral depresiva que la cornada adquirió a la postre una profundidad inesperada. El monólogo blanco resultó incontestable. De principio a fin. Un muro de hormigón carente de fisuras contra un colectivo animoso y poco más. El Caja Laboral, víctima de la tela de araña tejida por Messina, quedó reducido a la mínima expresión. Cincuenta escuálidos puntos constituyeron un bagaje ridículo.

El segundo cuarto dinamitó todas las esperanzas. Una descomunal pájara de cinco minutos, salpicados de despropósitos ofensivos, concesiones en el rebote y una defensa de mantequilla, abrió de par en par la puerta hacia el infierno. El aseado comienzo azulgrana no hacía presagiar un correctivo de ese calibre y careció de continuidad ante la excelente versión merengue.

Tras el plácido descorche copero ante el vecino bilbaíno, un triste espejismo, el Baskonia regresó a la cruda realidad. Ante adversarios de semejante empaque, con puestos por triplicado y que se permiten lujos como no echar mano de uno de los emblemas alaveses de la última década (Vidal), se precisa algo diferente. En días tan tenebrosos como el de ayer, cobra una dimensión terrorífica la baja de Splitter. El grupo de Ivanovic anduvo vacío de personalidad y entereza, tanto física como mental, para oponerse a un rival sobrado de recursos.

abatimiento profundo Ver cómo Messina rotaba y rotaba piezas, sin resentirse lo más mínimo el engranaje madridista, producía pavor y una sana envidia. En el bando vitoriano, apenas se pudieron rescatarse destellos de San Emeterio y Barac. El resto, especialmente un maniatado Teletovic, se estrelló ante un bosque de brazos y piernas. Lo triste es comprobar día a día que nombres fichados en su día para desnivelar la balanza continúan anclados en la más absoluta vulgaridad. ¿Cuándo se subirá al tren baskonista Herrmann, por ejemplo?

El sueño empezó a evaporarse transcurrido el primer cuarto. Tristemente, no hubo color. Sólo espacio para las pesadillas, una impotencia atroz y una manifiesta incapacidad para competir. El encefalograma plano en ataque acarreó unos réditos nefastos. Atrás, la sangría procedía de la contundencia de Lavrinovic, la versatilidad de la joya Velickovic y la puntería de Hansen y Kaukenas. Sin ningún clavo ardiendo al que agarrarse, el choque quedó visto para sentencia en el intermedio. Sobró esa segunda parte que sólo sirvió para prolongar una agonía pesada.

La alarmante ausencia de liderazgo en la dirección pesó como una losa. Singletary desfalleció tras un interesante inicio, Huertas fracasó a la hora de imprimir viveza a un ataque aletargado y Ribas se bloqueó solito. Prigioni, en la diana de los cánticos procedentes de la grada, sacó el rolex para gobernar la cita a su antojo. La cabeza pensante azulgrana del último lustro es sólo uno más en este Real Madrid que se halla en otra dimensión.

Con el determinante duelo continental ante el Khimki a la vuelta de la esquina, resta por concretar las consecuencias de este mazazo y la magnítud exacta de las dolencias de Splitter, el alma espiritual de este Caja Laboral que malvive sin su presencia. El sueño de La Séptima, bonito mientras duró, deberá esperar a una ocasión más propicia.

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