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Martes, 26 de Enero de 2010 - Actualizado a las 08:04h
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"NO al derribo". Con este simple y conciso lema, el club de fútbol Zaramaga está desarrollando una campaña de recogida de firmas y de movilizaciones para evitar el traslado del campo donde entrenan a unas instalaciones nuevas. Pero, si es un traslado, ¿por qué entonces se habla de derribo? Hagamos un poco de historia.
La remodelación que hace unos años se realizó en el campo de fútbol del club Zaramaga supuso un menoscabo importante para el barrio, ya que, cuando el campo era de arena, estaba abierto al uso y disfrute de todos, deportistas y no deportistas, pero con la instalación de césped artificial se rodeó con una valla perimetral y se cerró a cal y canto, dejando de ser un equipamiento del barrio para convertirse en un equipamiento sólo para fútbol. Al mismo tiempo, el campo fue ampliado a costa de eliminar 400 metros cuadrados del parque anexo, algunos árboles y varias plazas de aparcamiento, además de eliminar uno de los tres accesos peatonales que tenía la conocida como plaza negra. Aunque molestos, los vecinos no rechistamos porque entendimos que era un sacrificio asumible por el bien de los jugadores y aficionados a este deporte. Tuvimos consideración y simplemente lo dejamos estar.
Ahora el barrio necesita ese espacio y se ha buscado en todo momento la forma de quebrantar lo menos posible la actividad del club. En la primavera pasada, la asociación vecinal Bizigarri se reunió con dos personas de la junta directiva del club Zaramaga para explicarles que el barrio en los últimos años ha perdido más de 2.000 habitantes y el 30% de sus comercios, que la tipología de las viviendas no permite aumentar la población y que, por tanto, es de prever una paulatina degradación, que existe un vacío urbano residencial, conformado por el campo de fútbol, un frontón, una iglesia, dos plazas y tres centros docentes, instalaciones todas ellas que permanecen sin uso gran parte del día e incluso meses enteros y que al estar juntas constituyen zonas que los vecinos hemos optado por evitar por percibirlas como inseguras, que la solución pasa por la construcción de nuevas viviendas y que para ello se necesitaba un espacio donde ubicarlas, y se les explicó también que el barrio no podía sacrificar espacios de disfrute de los vecinos y mucho menos la plaza de Llodio, porque es nuestro principal lugar de esparcimiento (y más aún desde que se acotó el campo de fútbol). Por último se les comunicó que el lugar elegido por los vecinos para la construcción de nuevas casas era su campo, que era idóneo porque existía la alternativa de poder ser trasladado al campo de la Vitoriana, distante 400 metros y donde hay espacio suficiente para hacer dos.
La misma argumentación se dio a todos los grupos políticos municipales e incluso a los técnicos de Urbanismo y a todos pareció razonable. Incluso pareció razonable a los miembros de la junta del club, que en aquella reunión, sólo vieron un impedimento: compartir espacio con otro club con muy diferente forma de gestión.
Tenemos, por lo tanto, en un lado de la balanza la mejora del urbanismo de un barrio y de la calidad de vida de sus habitantes, y en el otro lado el traslado de un campo de fútbol a unas instalaciones nuevas, a 400 metros de las actuales. Estos hechos y argumentos es lo que deberían conocer las personas que se posicionen en este conflicto, pero toda esta historia ha sido ocultada deliberada y tendenciosamente por los impulsores de esta campaña eligiendo el lema No al derribo.
Desconocemos los intereses ocultos que han movido a esta manipulación, pero no nos cabe ninguna duda de que haberlos haylos. Sean los que sean los intereses y los interesados, flaco favor están haciendo al fútbol y a estos chavales, que seguramente lo único que quieren es practicar su deporte favorito y les de igual dónde. Y no creemos al presidente del club cuando nos cuenta que los niños se niegan a ir a la Vitoriana "porque hay mucho emigrante", según declaró a una radio local.
Dicen los expertos que el fútbol, como juego y como deporte, es una importante fuente para la educación integral del niño y su práctica tanto en el entrenamiento como en la competición, además de los aspectos técnicos específicos, fomenta importantes valores humanos y educa a futuros adultos. Estamos convencidos de que es así y esperamos comprobarlo.
Diana Paniagua
Y 15 firmantes más, vecinas y vecinos del barrio de Zaramaga: María Fernández, Nuria Pajuelo, José Luis Davadillo, Txaro Senosiain, Beñat Senosiain, Paqui Esteban, Emilio Fandiño, Ana Isabel Villar, Pedro Alonso, Berta Silva, Iñigo Izaguirre, Rosa Fernández, Maria Isabel Escudero, Nerea Martinez, David Parrila
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