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Ya están a buen recaudo aunque han estado a punto de perderse. Son más de 200 documentos, alguno del siglo XVII, pertenecientes a la Junta Administrativa de Betoño. La Fundación Sancho el Sabio es su nueva casa.
Carlos González
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Carmen Gómez, directora de Sancho el sabio, y Miren Fernández de Landa, presidenta de la asociación de concejos de Vitoria (JAIZKI FONTANEDA)
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Q ue la Fundación Sancho el Sabio es uno de los centros de documentación sobre temática vasca más importantes del mundo no es ninguna novedad para nadie a estas alturas. Que en su interior ya se guardan esperando ser consultados y utilizados miles y miles de documentos de todo tipo de distintos siglos tampoco. Pero que todavía puede ir incrementado su valor e importancia a base de nuevas incorporaciones es, siempre que se produce, una buena noticia.
La entidad, dependiente de Caja Vital, abre ahora sus puertas a una nueva donación, la que acaba de realizar, de forma indefinida y gracias a una decisión adoptada por unanimidad, la Junta Administrativa de Betoño. No se trata de un depósito más. Es especial y, además, por diferentes razones.
La primera de ellas es que es un intercambio que se produce entre dos "nuevos vecinos", como los definió ayer Miren Fernández de Landa, presidenta de los Concejos de Vitoria, cuya relación se presume larga. Y es que hay que recordar que en primavera del año pasado, la fundación estableció su nueva casa en Betoño, junto a la futura sede del centro cultural Krea en el antiguo convento de las Carmelitas.
La segunda tiene que ver con el contenido del depósito en sí pero también con su historia. En total se trata de unos 200 documentos de los tres últimos siglos, aunque con mayor peso de los pertenecientes al XIX. Entre ellos, el más antiguo es un convenio de 1652 entre Betoño y Monasterioguren para delimitar los límites entre ambos.
Entre los papeles hay cuentas, impuestos, seguros, anuncios, bandos, censos, arrendamientos, pleitos, relaciones con el Ayuntamiento de Vitoria y la Diputación alavesa y un largo etcétera. Destaca, como curiosidad, la cesión de un terreno para que se construyese una escuela con casa para el maestro en 1901 por parte de María Ruiz de Gámiz, marquesa viuda de Álava, quien era además la propietaria del Palacio Zulueta, inmueble que durante casi 20 años fue sede de la propia Fundación Sancho el Sabio antes de su traslado a Betoño.
"Es un archivo que va a ofrecer nuevas fuentes históricas a los investigadores y no podemos más que agradecer la sensibilidad de la Junta Administrativa a la hora de este depósito, que debería ser ejemplo para otros muchos", comentó Carmen Gómez, directora de la fundación, quien además explicó que en menos de un año se procederá al estudio, restauración y catalogación de los documentos, que también podrán ser consultados a través de Internet.
Eso será el futuro más inmediato para unos papeles encontrados, como quien dice, casi por casualidad. Hace unos siete años, Betoño realizó unas obras para arreglar el techo de su iglesia. Como eso suponía dejar sin protección a todo lo que se encontraba en su interior, se decidió retirar los distintos objetos presentes. Al quitar un retablo, los operarios se encontraron con un hueco hecho en la pared donde, tras una verja cerrada con candado, había varios sacos donde se encontraban estos documentos, algunos de ellos en mal estado y todos corriendo serio peligro de conservación. "Nadie sabía que estaban allí, aunque la presencia del candado, que era moderno, nos hace pensar que alguien ha tenido acceso a ellos y no sabemos si estaba todo lo que debiera o si por el camino han desaparecido cosas", apuntó Fernández de Landa.
La Junta Administrativa los retiró de la iglesia y los ha estado custodiando hasta el momento pero sin poder tratar los documentos como se merecían. "Nuestra intención era buscar un lugar para depositarlos que estuviera cerca, donde fueran accesibles y donde se les dieran los cuidados pertinentes y qué mejor que la Fundación Sancho el Sabio para ello", describió la presidenta de los Concejos de Álava.
Dicho y hecho. Desde ya descansan en lugar seguro, compartiendo espacio con un sin fin de fondos más a la espera de seguir siendo útiles para todos aquellos investigadores pero también particulares que quieran bucear entre ellos. Estuvieron a punto de perderse emparedados hasta no se sabe cuándo. Pero ya no volverán al frío y oscuro hueco de la pared.

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