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Plano, contraplano. Autor y periodista. Entre la edición televisiva y la dirección de sus propios proyectos, Beñat sigue abriendo 'zoom'. Treinta cortos, quince videoclips, videocreación, reportajes... El audiovisual es un campo donde plantar sus semillas. Plano, contraplano. ¡Acción!
david mangana - Domingo, 17 de Enero de 2010 - Actualizado a las 10:50h.
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Beñat en su estampa más habitual, pegado a la pantalla en busca del encadenado de imágenes. (Foto: jaizki fontaneda)
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¿Cuándo le entró el gusanillo del medio audiovisual?
No recuerdo un momento concreto. Creo que siempre he tenido ese interés. Sí me acuerdo del momento en que lo decidí. Empecé a estudiar Economía y no me gustaba ni la carrera ni lo que estaba estudiando. No era la idea que llevaba en la cabeza de la Economía. Me encontré con Matemáticas y Estadística, con dos años estudiando como un cabrón. No sé cómo fue ni cuándo, pero dije: "yo quiero hacer cine". Entonces fui a casa y lo dije.
De repente, estaba convencido...
Sí, bueno, igual durante esos dos años ya le estuve dando vueltas. Te planteas por dónde vas a ir y dices "esto no me lleva a ningún lado". Llegué a casa. "Yo quiero hacer cine". Y me dijeron -no sé lo que dirían por dentro- "vale, pero antes acaba la carrera". Y dije "vale". Por respeto al esfuerzo que suponía para mis padres, si había empezado algo había que acabarlo. Los siguientes tres años fueron duros, con asignaturas como Macroeconomía IV y Estadística II, que se me han quedado grabadas para toda la vida.
Y sabiendo que lo que quería empezaba después de todo eso...
Sí, pero cuando hay que esforzarse por algo se hace y ya está. Y lo conseguí. Luego me puse a estudiar Audiovisuales en Mendizabala y ya empecé a hacer cosas sin parar.
¿No empezó antes?
Sí. Grababa todo lo que hacía. Por ejemplo, con mi grupo, Garden, grababa los conciertos, que luego, con los años, terminé montando.
¿Cómo fueron esos años de -nuevo- estudio?
En Mendizabala -y no critico, cada uno hace lo que quiere-, mucha gente no tenía inquietud de "hacer ya". Yo estaba con ganas. Y no he parado. Cuando acabo un proyecto ya estoy con otro encima o hay dos esperando que se solapan. No he parado, sobre todo, de tener ganas, que es lo más importante. Cuando dicen "hacer una peli, un videoclip, es complicado, hace falta equipo, iluminación...". Y, digo yo, ¿si tienes todo...? Falta lo importante. Ganas.
¿Nos ponemos obstáculos?
Hay gente que hace su carrera, llegan los 35 años y le encargan algo. Y dice..."¡bah!". Lo más importante son las ganas y eso, de momento, no ha acabado. Hace poco hice un casting de personas mayores. Necesito dos señores de más de 85 años. Y me dieron una hiperlección. Los encontré todas las semanas en su clases de teatro y de gimnasia de mantenimiento. Todas las semanas, a sus 85 años. ¡Qué envidia! Creo que ahí está un poco la miga, en no perder esas ganas de aprender. Me sentía pequeño. "Qué grande es este señor".
¿De qué va el proyecto?
Es un hiperminicorto conceptual sobre la fugacidad de la vida. Pero este año ha venido mal tiempo y, como es en exteriores, lo vamos a dejar para primavera.
Habla de aprender, de profundizar en ese lenguaje audiovisual que tanto le interesa. ¿Cuál es el camino? ¿Ver? ¿Practicar? ¿Estudiar?
El lenguaje es universal. Muchas veces tienes una idea y planteas una edición con unos tiros de plano extraños, se lo pones a un niño de diez años y no lo entiende. Entonces es que has hecho algo mal. El lenguaje se lleva dentro, más en un mundo en el que estamos viendo televisión, imágenes en movimiento, todo el rato. Creo que, viendo, uno se hace. No para construir lenguaje, pero sí para entenderlo.
Y, ¿cuándo se descubre más ese lenguaje? ¿En el montaje...?
(Interrumpe) Sí. Cuando montas. No se le da la importancia que tiene, no se valora la magia de la sala de edición. Cuando ruedas, ruedas, de ahí no se puede salir, pero en edición se puede hacer "A", "B"...
Muchos montadores han resucitado películas...
Por ejemplo, un reportaje de televisión. Una persona puede parecer mala o una buena con el mismo material. Si hay mucho material. La edición no está muy valorada. Y es parte de nuestra vida. En televisión, la gente no aguanta un plano que dure más de un minuto.
El montaje elige la mirada...
Todo. Un gesto después de decir algo... Ahí está todo.
La posibilidad infinita...
Los rusos, en los años 20, investigaron el lenguaje audiovisual. Y, no sé si es verdad -pero yo quiero creerlo-, hay una historia de Dziga Vertov, que puso una cámara a grabar en una plaza de Kiev... Y, de repente, la cámara falló. Volvió a empezar a grabar. Al revelarlo, vieron que la gente que iba andando, chiuff, desaparecía. Y mira dónde estamos hoy en día. La televisión es un bombardeo de imágenes que no duran más de un segundo.
Esto ocurre a menudo. La investigación avanza con fallos...
Haciendo se aprende. Es importante estudiar para tener bases, pero si no las aplicas no ves, no entiendes. Y cuando practicas surgen ideas.
En muchos de sus cortos -junto con Ortzi Acosta- plantean juegos de este estilo, forman una especie de enciclopedia audiovisual...
Investigamos. Si grabas una conversación que cuenta una historia me parece perfecto, pero si encima, visualmente, estás queriendo decir algo, subrayas el mensaje... Me sorprendieron increíblemente, hace dos veranos en Nueva York, los anuncios audiovisuales de la calle. Iban a una velocidad extrema. Me dije "no sé dónde vamos a llegar". Yo edito todos los días, estoy más acostumbrado a esa velocidad, pero el mensaje cada vez va más rápido.
Al final, cambiaremos nuestra sensibilidad de recepción...
Y luego volveremos a lo mismo. No sé. El otro día, con el hijo de una prima, pusimos los dibujos. Y yo me mareé de la velocidad de narración. Si tienes 6 años y ves eso, cuando tengas 40... Igual ves una película de los años 70 y no la puedes soportar. O sí... Hay tantísimas variables.
¿Tomaría como modelo el ejemplo del director Juan José Campanella? Ganarse el pan en televisión (dirige capítulos de "House", por ejemplo) mientras prepara, en paralelo, con detalle, sus proyectos de cine...
Estando como está el cine es una maravilla de planteamiento, mejor si te dan margen creativo. Si simplemente eres un obrero de la construcción... también puede ser. Trabajas y ya está. Desde que salí de Mendizabala, hago audiovisuales por mi lado, y aparte Ortzi (Acosta) y yo tenemos Olárizu Films para hacer ficción juntos. Y sigo trabajando en la tele, en los videoclips...
Y hace poco con Kepa Junkera...
Ya van quince videoclips. Y estoy contento, porque Mikel Urdangarin quedó a gusto con el primero y ahora hemos hecho el segundo. Y Kepa me llamó para Etxea -un montaje muy bestia, una narración desde doce horas de material grabado-, y ahora también para Kalea.
¿Cómo trabaja cuando juega con tanto material?
Es tener paciencia, sentarse...
¿Prefiere tener mucho o poco?
Prefiero que sea una idea mía. Que guste, que yo la grabe, la edite. Hacer todo. Esto es más un trabajo de laboratorio de edición.
¿Ayuda haber tocado en un grupo a la hora de hacer videoclips?
Creo que sí. Igual es un poco poético, pero creo que el audiovisual también es música, una composición. Cuando trabajo de editor, para TVE por ejemplo, me doy cuenta de la musicalidad a la hora de montar. La rítmica es más rápida.
La televisión exige otro tiempo...
Sí, bueno, es otro... Es televisión. Pero bueno, eso de la caja tonta también es absurdo, porque la televisión es un gran medio.
¿Cómo es trabajar para TVE?
Pues el otro día el programa que edito (Volver con?) debió tener una audiencia de tres millones de personas. Y eso abruma. Pero es una cadena de montaje. Tú eres parte de un equipo muy grande. Es más "producir minutos". A mí me gusta, de una idea, construir algo cerrado, bonito. La televisión es un medio y si eres rápido y les gusta cómo editas... Es trabajo, que tal y como está el rollo... Además, compagino todo.
¿Qué será lo siguiente?
Será cuando acabe el trabajo de editor y cuando acabemos este fin de semana los dos últimos -de once- cortos que vamos a mandar a Notodofilmfest. Los últimos ya no son de 30 segundos como hacíamos antes, ya llegan a los 3 minutos. Lo hemos hecho porque la familia y los amigos estaban presionando bastante. "Basta ya de hacer cortos conceptuales de 30 segundos que no os van a llevar a nada". "Ya, ya, que ya se va a hacer, si hay ideas, y bocetos de guión". Pues después de esto hay un proyecto al que le tengo ganas -ya empecé con la preproducción, pero está en stand by-, hacer un documental sobre inmigración en Vitoria. Quiero que sea algo especial. No es sólo un reportaje.
¿Por qué elige este tema?
Siempre lo he querido hacer y, de repente, un día hubo un chispazo. No puedo decir de qué va, pero creo que el planteamiento -no sé si puede aguantar una hora y media, pero se va a intentar- es perfecto para hablar de inmigración, de la aceptación de la multiculturalidad. Va a ser largo, porque hay que grabar a mucha gente. Es el proyecto que más fuerte voy a coger cuando acabe con esta vorágine. Y luego hay otra cosa que me encantaría, hacer un documental sobre Quino, el dibujante. Me parece un filósofo. Pero, como le han machacado tanto y ha acabado tan harto de la prensa, sus managers me han rechazado ya cuatro veces. También tengo un tratamiento cinematográfico, lo que viene siendo un guión en 20 páginas, de un largo que tengo pensado desde hace quince años, una historia de violencia que quiero escribir. Nunca me he enfrentado a la página en blanco y quiero empezar. Y, con Ortzi, un corto muy guapo que queremos hacer en Olárizu Films, ya en 35 milímetros...
¡Poca cosa! El medio audiovisual abarca mil perspectivas...
Pero es un lenguaje con un limitación, que es el paso del tiempo. Das al play y se acaba...
Pero es lo más multidisciplinar, con música, imagen, literatura...
Eso sí. Pero tú haces una foto perfecta, la estás analizando y te vas a cenar. Y luego vuelves y sigue ahí. El cine no. Empieza y acaba.
¿Cuál es su sueño de trabajo?
Me gustaría poder hacer algún largo que, en cierta manera, sea valorado para poder tener capacidad creativa para las siguientes historias que puedan venir. Pero sin perder esos juegos visuales del videoclip, ni los microcortos de 30 segundos que la gente ya no puede soportar. Investigar. Hacer largometrajes sería una maravilla, pero sobre todo tener 80 años y querer seguir aprendiendo, esa es la clave. Ser superreconocido da igual. La gente que llega a un reconocimiento a los 50 años. "¿Y qué has hecho?". "Llegar". "¿Y el camino?". Lo mejor es cuando tienes el chispazo y empiezas a unir las cosas. La idea, con sus flecos, y de repente se empiezan a cerrar. Y, si no lo haces, se va. Hay que hacer. Ése es el mejor momento para mí.
Cada uno de esos momentos...
Cada idea la quieres plasmar y es ahí donde investigas, donde pruebas y ves. Cada vez que ves una película, un audiovisual, una serie de televisión -que hay ahora muchas muy bien hechas-, estás analizando. Y en cada disco que escuchas estás haciendo audiovisual en tu cabeza. La música es una gran influencia. Influencia es todo. No hay que investigar por investigar. Es contar historias y decir cosas.
¿Sus historias siempre estarán ubicadas en Vitoria, en su entorno?
Principalmente sí. Soy vitoriano. Antes me molestaba que no hablaran de Vitoria. Ahora no. Ahora digo "si estamos muy tranquilos aquí", con la Montaña Alavesa... Hay unos sitios maravillosos. Ortzi y yo tenemos una fijación por Álava. Dice la gente que el trabajo está en Madrid, pero aquí también se puede construir. La historia es intentar construir tú el trabajo.

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