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Trayecto
recibe al fotógrafo Valentín Vallhonrat
La galería vitoriana muestra hasta el próximo 26 de febrero la exposición "Fotografía ornamental"
Carlos González - Sábado, 16 de Enero de 2010 - Actualizado a las 10:58h
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Vitoria. Las armas no conocen épocas. Son tan antiguas como el propio ser humano. Y siempre han servido para lo mismo. Quien posee el control de la violencia es el que manda. O por lo menos lo intenta. Con el paso del tiempo, han ido evolucionando, sofisticándose gracias a los avances científicos, que siempre han llegado antes al mundo militar que al civil. De hecho, se han desarrollado gracias al primero para buscarles luego aplicaciones en el segundo. Son, eso sí, instrumentos mortíferos que también han sido objetivo del diseño. Incluso hoy. La imagen, al fin y al cabo, es importante. Puede incluso distorsionar la realidad haciendo parecer como bello algo que, en realidad, tiene un fin nada deseable.
Y las armas han tomado la galería Trayecto. Allí van a dominar las paredes de la sala vitoriana de arte contemporáneo hasta el próximo 26 de febrero. Las hay antiguas y modernas. Son helicópteros, armaduras, cascos, misiles... Todos ellos objetos retratados por Valentín Vallhonrat dentro de Fotografía ornamental, un amplio trabajo que el artista sigue hoy desarrollando.
El autor madrileño (creador de largo recorrido y reconocido prestigio que comparte apellido y sangre con otro peso pesado de la fotografía estatal como es su hermano Javier Vallhonrat) mira aquí a las armas, sí, pero también a su propio oficio detrás de la cámara.
El artista parte del pasado, del siglo XIX. Toma como referencia la documentación visual de la Real Armería realizada por Charles Clifford junto a su mujer. A partir de ahí, se fija en objetos bélicos de distintas épocas para capturarlos a su modo y manera. El resultado, en el caso de Gasteiz, se traduce en diez fotografías físicas, por así decirlo, y un buen número más que se proyectan de forma continua en un vídeo.
El artista presenta así su propio catálogo armamentístico, su singular proceso de documentación, interesado no en el hecho de capturar y mostrar un torpedo o una armadura. No se trata de pasar revista, por así decirlo. A Vallhonrat le interesa lo que está detrás de la imagen, los distintos planos de la realidad que suelen quedar ocultos.
Observa a las armas embellecidas, constituidas en iconos, para descubrir que la realidad que transmiten esas instantáneas no es la verdadera puesto que se oculta el sentido y el objetivo de la existencia de las armas representadas. Pero también descubre cómo ni estos objetos ni la forma de retratarlos ha cambiado tanto desde la época de Clifford hasta la actual, por lo menos no en el fondo de la cuestión.
Preguntas y reflexiones que ahora se presentan ante el público, ante un espectador que debe encontrar sus propias respuestas ante lo que, en principio, pudiera parecer sólo un catálogo de armas bellas.
Proceso Vallhonrat sigue detrás de la misma temática y tiempo habrá de poder contemplar los nuevos resultados que va dando este proceso artístico. Aunque también tiene su interés la intrahistoria del proceso, de ese ir y venir para poder realizar las imágenes.
Sorprende escuchar al autor asegurar que para hacer sus imágenes se ha encontrado con más de una complicación en los museos de armería a los que ha acudido, frente a las muchas facilidades ofrecidas por los responsables militares de hoy. Ha sido más complicado fotografías un casco del pasado que un helicóptero de la actualidad.
Las limitaciones han llegado a tal punto que las instantáneas tomadas a objetos de otros siglos han sido capturadas como cualquier turista más en una visita ya que al artista no se le ha permitido hacer su trabajo porque podía interferir en el transcurrir normal del público por la sala donde estaban expuestas las piezas. Contrastes de la vida y efectos de eso que se llama de manera tan alegre turismo cultural.
Gracias por su comentario
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