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Entrar en Kimuak es todo un éxito. Un punto de apoyo que asegura a un cortometraje una vida llena de oportunidades. Un viaje de pantalla en pantalla. ¿Qué mejor premio que ser visto?
María R. Aranguren
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HAN accedido a un trampolín
que, desde el anonimato
del séptimo arte,
eleva hasta la pantalla
de los festivales más prestigiosos.
En su duodécima edición, el programaKimuak
ha permitido a ocho
cineastas vascos mostrar su trabajo
en el escaparate internacional,
aunque el éxito ha dependido del
atractivo de cada uno de los cortometrajes
escogidos.
Los reconocimientos han sido
numerosos. La oportunidad que
brinda este programa, coordinado
por el Departamento de Cultura del
Gobierno Vasco y por Euskadiko
Filmategia-Filmoteca Vasca, no es
ningún secreto, y quizá por eso el
número de trabajos presentados a
su convocatoria, un total de 63, ha
batido el récord del programa.
La diversidad aumenta.Alos nombres
de Koldo Almandoz, Telmo
Esnal, David González o Nacho
Vigalondo se añaden los de algunos
cineastas que hasta ahora no habían
tenido presencia en Kimuak: Alejandra
Márquez, Oriana Alcaine,
Anartz Zuazua, Iban Del Campo y
Jorge Rivero.
Este último ha dirigido La presa,
documental sobre uno de los proyectos
más colosales llevado a cabo
en Europa: la construcción del
embalse del Salto de Salime, en una
remota y escarpada comarca de
Asturias. Joaquín Vaquero Turcios,
que llegó allí con 22 años para
pintar el mural de la sala de turbinas,
protagoniza esta historia y
narra una experiencia que marcó
su trayectoria profesional. “Precisamente
han sido los documentales
y la comedia, frente a otros géneros
como el drama o la animación, los
que han encontrado hueco en esta
edición”, explican desde la FilmotecaVasca.
Es el caso de DirtyMartini,
de Iban del Campo (Arrasate,
1971), que ha rodado en inglés un
reportaje premiado con el galardón
al Mejor Montaje en el Festival de
Cortometrajes de Aguilar de Campó.
Su inspiración, Dirty Martini,
es un personaje que descubre algunos
de los secretos de su arte en
night-clubs y cabarets del Off-Off
Broadway de Nueva York.
Los rodajes han traspasado fronteras.
Desde los pubs de espectáculo
americanos hasta las calles de un
México poco retratado. Oriana
Fotograma del corto ‘Cinco recuerdos’, de Oriana Alcaine y Alejandra Márquez.
Alcaine y Alejandra Márquez quisieron
reflejar el paisaje rutinario
de este país en Cinco recuerdos, que
relata la historia de Irma, una
mujer que recorre los pasillos de un
mercado repitiendo una lista de
ingredientes que no consigue recordar
con nitidez, y que le llevan a
otros paisajes relacionados con su
infancia y adolescencia. “Nos interesaba
investigar el mecanismo de
la memoria”, explica Alcaine
(Donostia, 1979), que había trabajado
en producciones cinematográficas
desde el año 2001 y que se ha
enfrentado en esta ocasión a su primer
trabajo como co-directora.
Cinco recuerdos ha sido, junto con
Él nunca lo haría, de Anartz Zuazua,
uno de los cortometrajes más
premiados. “Creemos que uno de los
aspectos que se ha podido valorar es
que todavía perduran muchos tópicos
sobre la imagen de este país. A
veces sólo semuestra como un lugar
lleno de inmigrantes que quieren
escapar, y nosotras queríamos retratar
su colorido, el día a día”, asegura
Alcaine, que desvela que el mejor
premio es la posibilidad de participar
en festivales internacionales.
En su agenda
ha escrito los nombres de
certámenes como el Italia
Festival International du
Film d’Amiens, el Festival
du Film Cinéma d’Ici et
d’Ailleurs de Sainte Livrade
Sur Lot o el Festival Pontino
del Cortometraggio, a los que
acudirá con una amiga y compañera
de trabajo con la que de
momento no comparte más proyectos.
“Cada una de nosotras
busca hacer su carrera, aunque
el tiempo lo dirá”.
De la diversidad de paisajes a
la diversidad de lenguas. Kimuak
ha escogido filmes con sonoridades
muy distintas. De los ocho
seleccionados, dos están rodados
en euskera y uno en inglés. Ahate
Pasa, de Koldo Almandoz, ha recibido
el premio SGAE al mejor
guión en Zinebi, y el galardón a
mejor cortometraje en el Concurso
de Cortos de Leioa. Por su parte,
Amona Putz, de Telmo Esnal, ha
sido declaradomejor cortometraje
en la Semana de Cine Fantástico y
de Terror de Donostia.
El único cortometraje de género
fantástico incluido este año ha sido
Los que lloran solos, realizado y
producido por el bilbaino David
González. Se trata de una historia
que se desarrolla en un caserío aislado,
cuyos protagonistas transitan
entre el mundo de los vivos y el de
los muertos. También vuelven los
directores populares, como Nacho
Vigalondo, que ha dirigido Marisa,
un cortometraje, producido por
Arsénico Producciones, que tiene
como punto de partida la relatividad
de los conceptos de espacio y
tiempo, y trata sobre cómo la variación
de estos parámetros puede
producir importantes cambios en
una persona.
Gracias por su comentario
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