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Sábado, 12 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 10:57h
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El jesuita de origen vasco Jon Sobrino recibió ayer en Bilbao el grado de honoris causa por la Universidad de Deusto. (Foto: Pablo Viñas)
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El jesuita de origen vasco Jon Sobrino recibió ayer en Bilbao el grado de honoris causa por la Universidad de Deusto. Foto: Pablo Viñas
Hombre sencillo y rico en sus convicciones. El jesuita Jon Sobrino reivindica los derechos de los "pueblos crucificados". "Pueblos que sufren de manera anónima la miseria, la falta de libertad y la injusticia de un mundo capitalista, basado en el egoísmo", dijo ayer en su discurso en Deusto
Sandra Atutxa
Bilbao. En el año 1980, la conferencia que el arzobispo Óscar Romero pronunció al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad de Lovaina fue redactada por el jesuita Jon Sobrino. Unas semanas más tarde, Romero fue asesinado por quienes luego también acabaron con la vida de seis jesuitas y de dos mujeres en la Universidad Centroamericana (UCA) en El Salvador. Sobrino se libró de la muerte segura por encontrarse de viaje en Asia el día de estos crímenes. Ayer, la Universidad de Deusto le otorgó el doctorado honoris causa. "Lo triste no es que te maten por defender tus ideas. Lo triste es que haya gente que lo haga", sentencia el teólogo de origen vasco.
Se ha convertido en memoria y albacea de sus compañeros asesinados. Aquel fatídico día no lo olvidará jamás, ¿verdad?
Imposible. Quedará para siempre. Los seis jesuitas muertos a tiros, fueron asesinados por defender a los pueblos crucificados y demandar para ellos justicia. Las dos mujeres que perdieron la vida junto a ellos representaban la inocencia de quienes no han hecho nada para merecer la muerte.
Ocho muertes sin razón. En su discurso ha destacado que los asesinatos de las dos mujeres evidencian que "vivimos en un mundo inhumano".
Junto a Ignacio Ellacuría, colega y amigo mío, fueron asesinados cinco jesuitas desconocidos de los que apenas se ha hablado. Además, dos mujeres -madre e hija- fueron también cosidas a balazos. Veinte años después su historia ha sido totalmente ignorada. He querido empezar mi discurso con el recuerdo de estas dos mujeres, porque son el símbolo real de millones de seres anónimos en este planeta.
Morir sin dignidad.
Eso es muy triste. Ellacuría, Romero... No era sorpresa que los matasen porque en voz alta incordiaban a muchos. Pero esas dos mujeres, personas de Afganistán, de Palestina... ¿Qué han hecho? En mi discurso he querido destacar la crueldad de este mundo que pasa totalmente desapercibido. Hay que mantener, si no la vida, la dignidad de las víctimas. Todo esto deshumaniza al mundo entero.
¿Conocemos cuál es la auténtica realidad del mundo en el que vivimos?
Una cosa es estar informados y otra diferente es conocerlo. En las publicaciones aparecen algunas realidades... Se llega a conocer cuando uno se va un mes entero a una aldea de Palestina, por ejemplo. No es que no se tenga posibilidad. Lo que sucede es que cuando diseñamos las vacaciones optamos por ir dos semanas a descansar a una playa, y no por ir a África. Hay tantas realidades... La del Congo con millones de muertos...
Ha dicho alguna vez: "Quiero morir sin tener vergüenza de este planeta".
Es una manera de hablar, pero sí, verdaderamente moriría mucho más tranquilo si este planeta funcionase de otra manera. Hay tantas cosas que me dan vergüenza.
¿Vivimos en una sociedad enferma?
Totalmente. Ignacio Ellacuría dijo que el motor de la civilización de la riqueza es el acumular. Mientras que el sentido de la historia es el disfrutar de lo acumulado. De este modo, lo que se consigue es una sociedad gravemente enferma, en trance de un desenlace fatídico y fatal.
¿Qué es lo que hay que hacer?
Darle la vuelta y crear una civilización de pobreza. Ellacuría insistía en este concepto en los artículos que escribía. Quería que el motor de la historia fuera satisfacer las necesidades básicas de todos los seres humanos y que el sentido de la historia fuera la solidaridad y no el acumular para tener más.
Difícil conseguirlo, ¿no? El que más tiene más quiere.
Difícil, pero no imposible. Hay que intentarlo.
¿Cuáles son las vías y herramientas para darle vuelta al mundo?
Los medios de comunicación tenéis mucho que ver en todo esto. Podéis ayudar a que el mundo sea más justo para todos. Disponéis de una fuerza impresionante para poner al mundo en una dirección o en otra. Universidades como Deusto, con el potencial con el que cuenta, puede investigar y difundir el mensaje para hacerlo realidad. Y nosotros, con nuestros medios en la Universidad de El Salvador, también podemos seguir trabajando por ello.
Ha aguantado insultos, se ha librado de morir cosido a balazos...
Quince bombas en la universidad, cinco en casa, insultos constantes en los medios de comunicación... Lo que se publica en los periódicos de aquí no es nada comparando con lo que hemos tenido que soportar en El Salvador. ¿Pero sabes una cosa? La vida tenía sentido. Nadie quería irse y todos queríamos seguir luchando por la justicia. Sabíamos que no llegaríamos a la Champions, ni lograríamos un Oscar, ni iríamos a ningún Mundial. Eso es para otros mundos.
El esfuerzo merece la pena.
Claro que merece la pena.
¿Se consideran unos rebeldes con causa?
Rebeldes, sí y con la causa de los pobres, por su puesto.
¿Vivimos en una sociedad insolidaria?
Ser insolidario es ser inhumano. Vivimos en un mundo insolidario e inhumano.
¿En El Salvador ha recibido más de lo que ha dado?
Sí. Gente que no tenía nada, ni para comer, me ha dado muchas veces las gracias, simplemente por aportarles mis conocimientos. Eso te da qué pensar. Te das cuenta que esa gente se muestra agradecida y que encima no protestan como lo hacemos aquí.
¿Para que exista un primer mundo debe existir un tercer mundo?
Tal y como se ha desarrollado la vida, sí. Así ha funcionado.
A pesar de no tener nada, los pobres llegan a ser felices y los ricos, muchas veces no saben lo que es la felicidad.
Hay pobres que en su sencillez alcanzan una felicidad distinta. No por tener más uno tiene que ser más feliz. Eso sí, cuando la miseria es denigrante y no tiene solución porque nadie les hace caso, entonces la felicidad no existe.
¿Miramos demasiado a nuestro ombligo?
Sí. (Con rotundidad).
¿Deberíamos de abrirnos más?
Tenemos que aprender a compartir. De lo contrario no somos felices y no llegaremos a serlo. En distintos niveles, en la familia, entre los amigos, en el trabajo, en el pueblo, en Euskadi... Es muy importante compartir.
¿Qué encuentra en El Salvador?
Cuando llegué en el año 57 no me enteré de la realidad. Veía la pobreza pero nada más. Fuimos a ayudar y a enseñar religión. Cuando regresé en el 73, después de haber vivido en América y en Alemania, me di cuenta que era un error y que debía de abrirme a ver la verdad. Tuve que dejar que la pobreza me afectase y dejé que la gente sencilla me animase.
Hay que luchar por los ideales, entonces.
Luchar por los ideales y ponerse al lado del que no tiene, con sencillez.
Jon sobrino
Honoris causa por la universidad de Deusto
"Debemos aprender a compartir, de lo contrario no llegaremos a ser felices"
El protagonista
carné de identidad
l Origen vasco. Nacido en Barcelona durante la Guerra Civil en el seno de una familia vasca, entró en la orden de los jesuitas a los 18 años.
l Teología de la Liberación. Sobrino era ya de sobra conocido en el ámbito de la teología, sobre todo por ser uno de los representantes de la Teología de la Liberación, pero comenzó a ganar notoriedad en ambientes más profanos a raíz de los crímenes cometidos en la UCA de El Salvador.
Sus frases
"Este mundo es cruel; debemos mantener la dignidad de las víctimas"
"Moriría mucho más tranquilo si este planeta funcionase de otra manera"
"Hay que luchar por los ideales y ponerse al lado del que no tiene con sencillez"
Gracias por su comentario
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