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Los Goya honran a Antonio Mercero

el realizador guipuzcoano recibirá en febrero el reconocimiento de la academia

El galardón rubrica una trayectoria que incluye un Emmy, la Concha de Oro y la Medalla a las Bellas Artes

r. pérez de anucita - Jueves, 3 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 08:09h

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Donostia. "Estar tras una cámara teniendo delante de ti a unos seres humanos a los que vas modelando, consiguiendo que sean como tú quieres que sean, que digan las palabras con la emoción que necesitas, que cuenten las historias que tú quieres contar taladrando con sus ojos el aire, conseguir eso, es totalmente placentero. En esos instantes eres como un pequeño dios en plena creación, absolutamente feliz". Antonio Mercero ha ejercido de deidad en muchísimas ocasiones en su más de medio siglo de trayectoria artísticas, y en algunas de ellas ha conquistado la sensibilidad de público y crítica, como prueban la popularidad de sus películas y series, y los premios que han recibido.

Ahora, el realizador guipuzcoano (Lasarte, 1936) recibirá el máximo galardón que puede obtener un cineasta en el Estado: el Goya de Honor, que se entregará el 14 de febrero en la gala de la XXIV edición de los Premios. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España anunció ayer que ha decidido concedérselo al guionista y director por "su inmejorable carrera cinematográfica, repleta de éxitos y de experimentos interesantes en campos tan amplios como el corto, el mediometraje y el largo".

Mercero debutó en el ámbito profesional con un corto, Lección de arte (1962), y su clase convenció en el Zinemaldia: obtuvo la Concha de Oro y el galardón del Círculo de Escritores Cinematográficos. Con estas credenciales se adentró en el largo. Se necesita chico (1963) fue el inicio de la carrera de un "autor", según la Academia, "de un cine con un sello personal, cómico y a la vez tierno", de una obra que se ha "convertido en patrimonio sentimental".

Ahora que la sinopsis de su trayectoria puede parecer un camino fácilmente hilvanado, conviene recordar las palabras de Mercero: "Mi lucha fue muy dura en los primeros años, pero tuve la suerte de que, allá por los 70, empecé a tener dos vidas: el cine y la televisión. Y así ha sido mi trayectoria profesional, una alternancia. Y las llamo vidas, porque para mí hacer cine y televisión es vivir apasionadamente".

Esas vidas extra se tradujeron en la carrera de Mercero en la producción para televisión de algunas de las series más emblemáticas de la pequeña pantalla como Crónicas de un pueblo (1971), Verano azul (1982), Turno de oficio (1986) o Farmacia de Guardia (1991). Sin olvidar, claro, la versión de La cabina (1972), protagonizada por José Luis López Vázquez y que le reportó un Emmy. La trayectoria del realizador vasco está avalada por el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Moscú, al mejor director en el Festival Hispano de Miami y en el Festival Internacional de Montreal, y la Medalla de Oro de las Bellas Artes (1996), sin olvidar el Tambor de Oro de Donostia.

Quizá el motivo de los galardones cosechados, sin olvidar su trabajo en las artes escénicas, resida en una cualidad de Mercero que enfatizó ayer la Academia de Cine: "Ha conseguido desde siempre aunar humor y dolor en casi todas su producciones con un estilo personalísimo".

De esa mixtura, tierna y sólida, dan fe películas como La guerra de papá (1977), La hora de los valientes (1998), La habitación blanca (2000), Planta Cuarta, ¿Y tú quién eres?, entre otros títulos que son parte ya de la historia del cine.

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