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MÚSICA Y TRADICIÓN

La generación que salvó la txalaparta

María R. Aranguren

- Martes, 24 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 08:20h

Txalaparta

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El investigador y músico vasco Juan Mari Beltrán documenta en un libro la historia de la txalaparta y su recuperación tras los años oscuros que vivió en la primera mitad del siglo XX.

los señores de arruga en rostro aseguran que cuando mejor se escucha la txalaparta es en la noche, y rememoran la luna llena y el golpe seco, ttakun!, madera contra madera. Una vieja astilla ha sobrevolado el mundo, como máquina del tiempo, desde las manos curtidas de los primeros txalapartaris hasta la curiosidad incesante de Juan Mari Beltrán: el músico investiga lo que se esconde detrás de ese trocito de madera metafórico.

En los 80 surgieron las primeras escuelas estables de txalaparta, que hoy siguen vivas

En su punto de mira, los años en que un grupo de gente inquieta recuperó este instrumento musical que había permanecido en el olvido durante la primera mitad del siglo XX. Jorge Oteiza. Nestor Basterretxea. Ez Dok Amairu. Imanol Olaizola. El contraste entre las primeras imágenes de txalaparta y los espectáculos actuales que aúnan música, danza, versos y proyecciones resulta tan contundente como el golpe seco de la makila sobre la tabla de aliso. "La txalaparta adquiere distintos significados con el paso del tiempo, pero el cambio sustancial se dio en el siglo XX, cuando pasó de ser un instrumento baserritarra a ser kaletarra", explica Juan Mari Beltrán, autor del disco-libro-DVD Txalaparta, un proyecto de Syntorama y la editorial Nerea que se publicará en diciembre.

Los primeros documentos en los que se alude a este instrumento musical datan del siglo XVII

Ninguna teoría sobre su origen sucumbe al paso del tiempo: tambores de guerra, trotar de caballos, réplica del sonido de los latidos del corazón. Sin embargo, el investigador ha buscado indicios que le permitieran realizar un estudio serio.

Los primeros documentos en los que se alude a este instrumento musical remiten al siglo XVII, al libro de cuentas del ayuntamiento de Oiarzun, en el que se describen los toques y las características de la txalaparta, aunque el nacimiento del instrumento es anterior.

Su origen es un misterio, pero los investigadores lo vinculan a las faenas agrícolas

En 1882, el político vasco Aguirre Miramón escribe sobre txalaparta y la describe como una tradición antigua presente en Gipuzkoa. "No sabemos cuándo nació, pero sabemos que en otros países del mundo se daban toques parecidos, y que esos toques estaban presentes en la celebración de las bodas romanas", apunta Beltrán, que prefiere pisar firme antes que ofrecer teorías poco fundadas.

Para el investigador, la txalaparta es sinónimo de juego sonoro. "Escuchar a grandes compositores como Beethoven resulta muy complejo y permite descubrir el virtuosismo a la hora de combinar los sonidos y el tiempo, pero hay formas mucho más simples en las que aparecen indicios musicales interesantes". Como el sonido que produce el trabajo de los aizkolaris cuando golpean con sus hachas, la palpitación del martillo al afilar la guadaña, el sonido mezcla de metal y piedra producido por los canteros trabajando la piedra o el repiqueteo del martillo del herrero trabajando en el yunque.

El misterio que rodea a este instrumento sencillo, compuesto por dos soportes sobre los que descansan uno o varios tablones, embauca hoy a músicos, compositores y aficionados, pero la historia de su recuperación no da lugar a dudas: tiene que ver con una generación de artistas que puso todo su empeño en darlo a conocer.

"Fue un grupo de gente como Imanol Olaizola, que recordaba haber visto de pequeño una txalaparta en 1930, porque su padre José era compositor de música, gente que asegura que en aquellos años apenas se valoraba", documenta Beltrán. De hecho, compositores tan importantes como Azkue o Aita Donostia apenas la tuvieron en cuenta en sus partituras y trabajos documentales.

"Pelotari"

Primeras imágenes filmadas

Los testimonios de Nestor Basterretxea, los Zuaznabar o Simon Goikoetxea permiten adentrarse en aquellos años de acercamiento a la txalaparta, en aquel día en que Oteiza recriminó a Olaizola que no le hubiera invitado a la primera fiesta organizada alrededor de los tablones de madera. En 1964, Nestor Basterretxea y Larrukert filmaron por vez primera a varios txalapartaris tocando, imágenes que se utilizarían después en la película Pelotari.

En pocos años se pasó del juego sonoro que en otro tiempo amenizaba la jornada laboral a la búsqueda de la música por amor a la música: los nuevos txalapartaris golpean en alternancia e investigan las posibilidades de un instrumento que cada día se hace más sofisticado. "La magia de la txalaparta atrapó a todo el mundo, desde los sectores más tradicionales y folclóricos hasta las tendencias más vanguardistas", cuenta Beltrán.

Dos décadas después surgieron las escuelas estables de txalaparta, la pionera de Hernani y la de Sestao, que hoy continúan dando clase a alumnos de todas las edades. A lo largo de estos años, los txalapartaris profesionales han acumulado un repertorio rítmico y de toques que permite tener un archivo documental sobre el instrumento.

Hoy, la txalaparta significa cosas muy distintas. "En algunos lugares se puede utilizar para remarcar lo diferentes o innovadores que somos, o puede adquirir connotaciones políticas", afirma el investigador. Su disco Txalaparta, en el que participan, Ander Barrenetxea, Ixiar Jauregi y Aitor Beltrán recupera los viejos sonidos, los de las toberas, las palancas o los antiguos toques de kirikoteka, y muestra también los más vanguardistas.

"La txalaparta vive un momento muy interesante. Aunque sea un instrumento muy minoritario está muy vivo. Cualquiera que hable de nueva producción en la música vasca se ve obligado a mencionarla", explica Beltrán. Para él, que lleva enamorado del instrumento desde la década de los 60, no existe una mirada única: "La txalaparta la utilizaremos para lo que nos sirva y esa será la única forma de que siga viva".

 

 

 

 

 

Txalapartaris.

Jon Maya, coreógrafo y dantzari :"El ritmo de la txalaparta me traslada a lo ancestral, a la tierra"

Van a hacer una actuación en directo con la música grabada en el disco 'Txalaparta'. En el espectáculo 'Ttakun ttan ttakun', dirigido por Mireia Gabilondo, los dantzaris Nagore Indakoetxea y Jon Maya bailan al ritmo que marcan las makilas sobre los tablones de cuatro txalapartaris profesionales. María R. Aranguren. Vitoria. El 19 de diciembre actuarán en Arrasate y el 9 de enero en Leidor Antzokia de Tolosa. "Llevamos a escena los temas del disco grabado por Beltrán, pero intentamos endulzarlos con imágenes y danza", cuenta Mireia Gabilondo. Para Jon Maya, el mérito es colectivo pero recae principalmente en la figura del txalapartari. "Desde que hicimos la obra 1937 juntos, hemos tenido una relación muy cercana", asegura el dantzari. ¿Asocia la txalaparta a sus recuerdos de niñez o la descubrió siendo adulto? La txalaparta la he recordado siempre como algo cercano. Casi todos la hemos visto ahí. Nuestro primer trabajo potente relacionado con este instrumento lo hicimos con música de Juan Mari Beltrán, así que mi acercamiento a la txalaparta tiene mucho que ver con él. Creo que somos dos mundos, el de los dantzaris y los txalapartaris, que estamos muy cerca. ¿Cuál es su papel como bailarín en la obra? El espectáculo es de txalaparta y lo que hacemos los dantzaris es una colaboración. El peso de la obra recae en ellos, aunque están acompañados por un diseño de luces y vídeo y también por nosotros, que aparecemos en tres o cuatro temas del concierto. Su participación en la obra, ¿ha exigido mucha preparación? Juan Mari Beltrán, Ander Barrenetxea, Ixiar Jauregi y Aitor Beltran han hecho todo el trabajo musical para el disco y para el espectáculo. Como mantenemos una relación personal y profesional muy buena desde hace años, Juan Mari nos propuso bailar alguno de los temas que tenían preparados para el espectáculo. Hemos sido los últimos en entrar así que nos hemos adaptado a su propuesta. ¿Qué van a bailar? Dos de las piezas son adaptaciones de danzas tradicionales. Una es un aurresku guipuzcoano que interpreto yo y la otra es un ritmo de espatadantza. La propuesta de danza es bastante tradicional, porque creo que así lo pide el espectáculo, pero está vista de una forma bastante libre. También hacemos alguna cosa complementaria más de acompañamiento o de unión al trabajo de los músicos. ¿A qué se refiere con "visión libre"? Tanto el aurresku como el espatadantza son adaptaciones. Ambas piezas se amoldan a los escenarios y al momento en que las vamos a ejecutar, pero desde luego mantienen su base tradicional. ¿Recuerda cuándo fue la primera vez que bailó al ritmo de este instrumento? Fue cuando hicimos el espectáculo 1937 entre Kukai y Ttantaka, en 2002. La txalaparta no sólo marca el ritmo a los dantzaris, sino también la melodía. La txalaparta puede ser muy musical. ¿Alguna vez le ha picado el gusanillo y se ha puesto a tocarla? He hecho algún taller por medio de Ander Barrenetxea, que actúa también en Ttakun ttan ttakun. Fue un pequeño curso en el que trabajamos diferentes ritmos, pero nada más que eso. ¿Cómo afronta este espectáculo? Por una parte, me siento rodeado de buenos amigos y grandes músicos. Por otra, la txalaparta es un instrumento que me traslada a la tierra, a lo más ancestral. Algo con muchas raíces y sentimiento, sobre todo si se escucha como lo tocan estos músicos. La txalaparta te lleva a la pureza y bailando intento expresar eso. Danza y música tradicional, ¿van a ofrecer un espectáculo novedoso? A la gente le diría que fuese a ver el espectáculo y que viera lo bonito que es. La txalaparta es un instrumento musical. Hablar de tradición o de no tradición no tiene mucho sentido. Todos los ritmos y melodías que salen de ahí pueden ser recordados y revisados. La tradición sigue viviendo, evolucionando, pasando de generación en generación y enriqueciéndose día a día. SUS FRASES "La propuesta que hacemos es una visión bastante libre de la danza tradicional" "La tradición vive, evoluciona y puede seguir enriqueciéndose día tras día"
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