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Surgió en Okondo el 18 de septiembre de 1936 y quedó prácticamente disuelto el 15 de agosto de 1937 tras sacrificar la vida de muchos de sus integrantes en defensa de La República y una patria libre y mejor. Los gudaris de este batallón estuvieron en frentes como Otxandiano, Villarreal, Orduña y el cinturón de hierro de Bilbao hasta que, perdida la guerra, se entregaron al enemigo en Santoña.
Araceli Oiarzabal
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Avelino Telletxea Bergara, con su inseparable perra Neska (DNA)
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No llegó a cumplir el año de vida pero su nombre aún permanece intacto en la memoria de muchos vecinos y vecinas del Valle de Ayala y el Alto Nervión. Y es que, en esta zona Cantábrica-Alavesa son pocas las familias que no tengan en su árbol genealógico un abuelo, un tío o un padre que se sumó, allá por 1936, a las filas de los gudaris del Batallón Araba, para oponer resistencia al bando nacional fascista que se alzó en contra de la Segunda República y derivó en la dictadura franquista.
Eran nacionalistas y creían en una patria vasca libre y mejor, pero junto a ellos también lucharon milicianos republicanos, socialistas, comunistas como los del Batallón Leandro Carro o los anarquistas del Bakunin. Todos ellos se dejaron la piel a la intemperie de las trincheras de San Pedro de Beraza y tantos otros frentes como Otxandiano, Villarreal y las innumerables cimas que englobaba el Cinturón de Hierro de Bilbao, hasta que claudicaron ante el poder armamentístico del enemigo, en tierras santanderinas, en agosto de 1937.
Atrás dejaron muchos compañeros muertos o tullidos, para los vivos aún quedarían muchos años de cautiverio, trabajos forzados, represalias o un servicio militar obligado en el bando opuesto, e incluso, el exilio. Pero, ¿cómo empezó todo?
Pues según un escrito mecanografiado que dejó el teniente de este batallón, Cunegundo Eguiluz de Orduña, titulado Apuntes sobre el Batallón Araba, la historia de este grupo de gudaris perteneciente al Ejército Vasco dio inicio el 18 de septiembre de 1936, en la finca Sagarrarte de Okondo donde "fueron concentrándose grupos de jóvenes alaveses de los valles de Ayala y del Nervión, que junto con otros de Orduña y Arrankudiaga dieron origen a la formación del batallón denominado Araba e iniciaron una preparación militar un tanto apresurada, pues las circunstancias así lo exigían, ya que las tropas franquistas habían invadido la mayor parte de Gipuzkoa, amenazando con arrollar la tierra vizcaína".
Primeras compañías
Esto dio origen a la formación de distintas compañías, cuyos nombres recordaban a personalidades y mártires alaveses. La primera fue Estabillo, en memoria del vitoriano apresado en Murua por las tropas franquistas y que más tarde fue ajusticiado, "se preparó de escopetas y palos por carecer de armas automáticas", hasta que el 26 de septiembre consiguió fusiles en el cuartel de Garellano de Bilbao. Una vez armada, esta compañía se trasladó al pueblo de Menagarai para dar cabida en el cuartel de Sagarrarte a la gran cantidad de voluntarios, sobre todo alaveses, que conformaron la compañía Ayala y cuyo primer destino fue el frente de Campanza, mientras los de Estabillo fueron enviados al de Acarregui y, posteriormente, al de Asterrica (encima de Ondarroa).
En este tiempo, al batallón Araba siguió creciendo con las compañías Elizalde y Alaitza que salieron a cubrir posiciones al frente de Otxandiano; pero no fue hasta planearse el ataque a Villarreal cuando se organizó ya la unidad que se llamaría Batallón Araba, con la agregación de otras dos compañías procedentes de Las Encartaciones (Abellaneda y Colicha), además de una de ametralladoras procedente de Bilbao, la Eusko-Gaztedi.
El mando del batallón fue otorgado al amurriarra Antonio San Martín Ugalde; mientras que al frente de las compañías Estabillo y Ayala estuvieron los capitanes Francisco Barañano de Amurrio y Eduardo Beistegui de Vitoria. La concentración de este batallón se efectuó en el cuartel Palacio de Lamuza de Llodio.
Tras el desastre de Villarreal (en diciembre de 1936) se unió al batallón una compañía con ocho máquinas Lewis que recibió el nombre de Urrutia, en memoria del primer gudari caído en la citada batalla, así como una sección de enlaces y transmisiones a la que se le dio el nombre de Juan Lemoniz de Amurrio.
De Orduña a Santoña
El 29 de diciembre de 1936 pasaron al frente de Orduña, relevando a los batallones Amaiur, Itxarkundia e Itxasalde que habían sufrido grandes bajas en las conquistas de San Pedro de Beraza y El Pinar. "Les masacraban de día con fuertes ataques apoyados por aviación y artillería, pero de noche, con arrojo y valentía recuperaban las posiciones", explica Gaizka Oyarzabal, hijo de uno de aquellos soldados vascos que, tras perder la guerra, fue condenado a trabajos forzados. "Aita nunca quiso hablar de ello. Ahora te ríes, pero al que le han tocado de cerca todas esas hostias… por eso no querían contar nada, para protegernos. Aún recuerdo el día que me tiró a una zanja y se echó encima mío para salvarme de las balas que lanzaban los aviones. Aquí solo había un avión muy viejo con cañones, al que llamábamos el abuelo, aparte de cuatro ratillas, pero siempre llegaban tarde. Yo era un niño".
Pero en las trincheras no todo fue pelear. Sabino Pinedo, hijo del gudari Sergio, asegura que los intercambios estaban al orden del día. "Era como se cuenta en la película La vaquilla, a unos les sobraba tabaco y otros tenían periódicos recientes y se los intercambiaban para saber noticias de otros frentes. Hay que tener en cuenta que la guerra separó familias, un hermano estaba en un bando y otro en el otro o sino era un vecino, se conocían".
El Batallón Araba continuó en el frente de Orduña, turnándose en la defensa y ampliación de las fortificaciones con el batallón Leandro Carro, hasta que el 11 de mayo de 1937 le trasladaron a cubrir una brecha al frente de Sollube. Ya no volverían a su zona de origen. Fue entonces cuando comenzaron un peregrinar de cima en cima y de pueblo en pueblo intentando contener el avance de las columnas enemigas: Gamiz, Fika, Larrauri, Gatika, Bizkargi, Umbe, Las Arenas, Portugalete, Pagasarri, Güeñes, Ortuella, Santurce, Somorrostro, Castro Urdiales, Oriñón, Laredo y Santoña, donde se hizo un intento de embarque camino a Francia hacia el frente del Pirineo. Los mandos españoles lo impidieron y los antiguos componentes del mermado Batallón Araba "volvieron a reunirse en un último y fraternal abrazo antes de entregarse a las fuerzas enemigas. Esto es todo, si hay algún culpable, lo habrá pagado, o tal vez ¿todos lo seamos?...", culmina su relato Eguiluz.
Gracias por su comentario
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