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Convivir, compartir, reflexionar y crear. La segunda edición de Inmersiones reúne este fin de semana a diez creadores y dos reputados paisajistas dentro de un taller con las raíces asentadas en el entorno de Echavarri-Viña.
Carlos González
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Abrir un espacio para que los artistas emergentes del País Vasco y Navarra puedan mostrar qué tienen entre las manos en estos momentos, establecer redes de relación entre ellos y poner en contacto a los creadores con agentes culturales institucionales y privados. Con ese objetivo, el Proyecto Amarika y la Diputación alavesa pusieron en marcha el año pasado el programa Inmersiones, una cita que, tras los buenos resultados cosechados en 2009, ya vive su segunda edición.
Más de medio centenar de autores de los cuatro territorios han presentado a la organización sus propuestas. Treinta de ellas serán explicadas los próximos 21 y 28 en la sala Amárica tanto al resto de participantes como a comisarios, representantes de museos y centros culturales y demás, y, por supuesto, al público que acuda.
Además, se pondrán a disposición de todos los interesados otros tantos dossiers de trabajos que están en pleno proceso de producción. Con el material obtenido, también, se realizará un catálogo que será distribuido por diferentes ámbitos y que servirá asimismo para una serie de presentaciones personales que Inmersiones realizará en una gira por distintos puntos del Estado y Portugal.
Pero todo eso ya llegará. De momento, el programa se está poniendo en marcha de forma oficial, por así decirlo, este mismo fin de semana en un taller cuyo resultado (toda una incógnita) se mostrará en la misma sala Amárica a partir del día 20 (jornada en la que se vivirá una pequeña fiesta) y que servirá como particular escenario para las presentaciones de los artistas seleccionados.
A la concentración en Echavarri-Viña acuden diez artistas emergentes del País Vasco y Navarra
El resultado del taller dirigido por Juan Iriarte e Iñigo Segurola se verá en la sala Amárica
Una casa rural de Echavarri-Viña es el escenario desde ayer de esta singular concentración dirigida por los paisajistas Iñigo Segurola y Juan Iriarte (del estudio Lur Paisajistak). Junto a ellos, hasta mañana, están conviviendo la artista alavesa Miriam Isasi, los navarros Verónica Euguras y Josu Zapata, las guipuzcoanas Sara Fernández y Ula Iruretagoiena, y los vizcaínos Estibaliz Losa, Manu Uranga, Eduardo Hurtado, Iker Serrano y Ianire Sagasti.
El objetivo para por abrir un foro de reflexión y debate que incida en lo que se ha venido a llamar arte medioambiental. Para ello, los responsables del encuentro han tomado como punto de partida la teoría del experto Gilles Clement sobre el denominado tercer paisaje, es decir, ese espacio de la naturaleza sobre el que nadie interviene ni es tenido en cuenta para ningún tipo de uso. Lugares en los que la vida evoluciona a su ritmo y manera sin que la mano del ser humano tenga nada que ver.
Ahí es donde el taller está fijando su mirada, invitando a los creadores participantes a tomar contacto con estos sitios para ver qué surge e intervenir desde la visión del arte contemporáneo sin que ello signifique alterar o modificar el ritmo y las decisiones de la propia naturaleza. "Es todo un reto que puede dar frutos muy interesantes", explicaron ayer Segurola e Iriarte en la presentación de esta particular concentración, encuentro en el que también estuvieron presentes algunos de los creadores seleccionados para la ocasión así como la coordinadora de Inmersiones, Izaskun Álvarez, y la diputada de Cultura, Lorena López de Lacalle.
Los dos paisajistas serán los encargados de guiar el transcurso del taller, aunque también tienen claro que van a recibir cosas importantes estos tres días. "Ver cómo funcionan las cabezas de los artistas y cuál es su visión será muy interesante", apuntó Iriarte.
Los diez creadores participantes han sido elegidos entre los presentados a la segunda edición de Inmersiones valorando tanto su capacidad como, sobre todo, qué cosas diferenciadoras podrían aportar al encuentro y su predisposición inicial a trabajar en grupo, algo muy importante en tres días de convivencia, como señaló Álvarez.
Ahora sólo queda esperar un par de semanas para descubrir en Amárica qué resultado palpable se obtiene del taller de cara al público. Porque la experiencia vital quedará para los participantes.
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