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La oralidad improvisada es tan antigua como las primeras civilizaciones. Los encuentros e intercambios culturales entre pueblos propiciaron una expansión a nivel global de esta forma de expresión. El eco de sus melodías es la huella de la migración de las naciones.
Ander Egiluz
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EL mundo no es tan grande como aparece en los mapas. Y no es internet el que lo hace más pequeño. Tampoco hay que fiarse de la piel de los pueblos para aceptar la distancia que separa a unos de otros: las hojas más alejadas de un árbol beben de la misma raíz. Todas las culturas han tenido los mismos miedos y similares dudas. La forma de representar sus inquietudes fueron aprendidas de unos y adoptadas por otros. Danzas, cantos y pinturas son manifestaciones culturales, de alegría, reivindicación y ternura, presentes en los cinco continentes. Continentes que no han dibujado siempre la misma forma sobre los mares, gracias a lo cual pudieron emigrar los pueblos, propiciando así encuentros e intercambios culturales. Lo que ha ampliado el abanico de colores de los pueblos y expandido las ramas del gran árbol genealógico.
Asia y África
Exótica y mancillada
Es sabido que el homo sapiens apareció en el continente negro, aun así, no llegan de África los ecos de improvisación más antiguos de este particular Babel. Aunque no los más antiguos, sí milenarios.
Mauritania, Mali, Guinea, Senegal... casi todo el noroeste africano comparte la figura del griot. También llamados jelis, son narradores de cuentos, encargados de preservar la tradición oral de la tribu. Suelen ser hombres longevos y, en lugares donde la escritura es aún un privilegio, su papel como guardianes de la cultura es esencial. Recitan ayudados de la kora, un instrumento de 21 cuerdas, mezcla de arpa y laúd. La palabra griot procede del vocablo francés guiriot que, a su vez, deriva de la palabra portuguesa criado. Se calcula que la tradición jeli tiene más de 1.600 años, pero la vergonzosa etapa colonial sirvió para esclavizarlos y rebautizar su cultura. Muchos fueron llevados a América donde, entre las clases más bajas, reinventaron su tradición y crearon el rap.
En China, en la provincia agrícola de Sichuan, la improvisación naxi sobrevive gracias al weimoda: un recital en solitario en el que el público repite el final de cada copla, en ambientes festivos.
El país del sol naciente, por medio del pueblo ainu, mantuvo hasta 1975 la tradición improvisada más antigua de la Tierra: el rekkukara. Una suerte de sonidos guturales y melodías que se cantaban de dos en dos. Ese año murió el último ainu practicante de esta técnica.
Hace unos 12.000 años, los antecesores de los ainu llegaron a Siberia, cruzaron el estrecho de Bering y se instalaron en Groenlandia. Allí, aún mantienen un duelo dialéctico similar al rekkukara: el katajjaq.
América
Encubiertos y reinventados
La tradición oral de estos continentes es tremendamente rica, aunque muchas de las formas no varían más que en el nombre. Todas estas expresiones de oralidad son posteriores a la llegada de Colón y, por ende, evoluciones de las ya existentes en el resto de continentes.
Si bien las raíces del rap se hallan en África, el bertsolarismo también resuena en la mayor potencia mundial. Muchos vascos emigraron en los siglos XIX y XX, manteniendo el folclore como seña de identidad.
En Iberoamérica, Cuba y Argentina son los países con mayor presencia de oralidad. La isla socialista es, tras Euskal Herria, el segundo país con más improvisadores del mundo. Los repentistas cubanos, ayudados de guitarras y laúdes, practican la décima y el pie forzado. En este último ejercicio el público da al repentista el punto con el que deberá terminar. La décima es habitual también en Puerto Rico y Canarias, desde donde llegó esta forma a la isla. Indio Naborí fue quien introdujo códigos de la poesía escrita en la décima, revolucionando este mundo y aportándole peso cultural.
En Chile y Argentina, los payadores improvisan décimas de larga métrica con mucha carga poética y crítica. Gabino Ezeiza, decimonónico, es considerado el payador más grande de la historia. En México, Panamá y Venezuela, la improvisación es muy musicada, no así en Colombia y Ecuador. En este último país, la tema es una de las tradiciones improvisadas más curiosas del mundo. Los oradores se imponen adivinanzas improvisadas que deben acertar para improvisar al suya. En Perú la improvisación es a capela y en Brasil adopta la forma de los cantos ao desafio portugueses, evidenciando su pasado.
EUROPA
El viejo continente
En la cuna de la cultura occidental la improvisación se reúne, principalmente, en la Península Ibérica. El sur de Italia y la isla sarda, sin embargo, también se suman desde hace siglos a esta lista.
Galicia, Catalunya, Andalucía, Euskal Herria, Murcia y Portugal son los territorios de la Península Ibérica donde se improvisa. Los portugueses practican el canto ao desafio en el norte y la desgarrada, acompañada de guitarra, en el sur. Lo más importante para estos cantaores es tener una buena voz y rapidez de respuesta. En Galicia, las enchoyadas y las regueifas son los duelos más comunes y en Catalunya, el garrotín, poco a poco, va alzando el vuelo. En Murcia, la oralidad va tomando más fuerza cada vez y en La Alpujarra, los troveros introducen gritos rajaos de claras raíces flamencas.
Las Islas Canarias llevaron a Cuba la décima musicada que aún mantienen y en las Illes Balears los combats de glosadors son un valor al alza. Pero es en Cerdeña donde, en sardo, mantienen una improvisación más compleja: además de utilizar una flauta de tres orificios, los cantadoris deben dar forma al verso iniciado por el fundadori, quien, a su vez, deberá cerrar la estrofa. Esto obliga a los improvisadores a mantenerse en tensión. Curiosa es la necesidad de una silla para estos artistas, ya que siempre cantan apoyando una mano en el respaldo de ésta; una tradición bastante parecida a la posición de las manos en los bertsolaris, ¿verdad? Desde Babel, aún y por siempre, llegan ecos de improvisación.
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