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Arnedo y Aginagalde maridan deseo e ingenuidad en Harresi con "Tatami"

fernando bernués dirige esta pieza de tanttaka teatroa

Kike Díaz de Rada adapta la novela de Alberto Olmos en un libreto cargado de ternura, pasión y humor

david mangana - Sábado, 7 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 12:17h

Naiara Arnedo y Gorka Aginagalde viajan esta noche sobre las tablas de la sala Harresi.

Naiara Arnedo y Gorka Aginagalde viajan esta noche sobre las tablas de la sala Harresi. (Foto: manuel díaz de rada)

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vitoria. Dos intérpretes pluriempleados -buen síntoma- se ponen esta noche bajo el foco del teatro. De la mano de Tanttaka Teatroa, Naiara Arnedo y Gorka Aginagalde se convierten en pareja escénica en Tatami, aventura en forma de viaje que propone un singular tándem aéreo de emociones en la sala Harresi de Agurain, a las 20.00.

Fernando Bernués dirige esta pieza, adaptada por Kike Díaz de Rada desde la novela Tatami (Lengua de Trapo), escrita por el segoviano Alberto Olmos. La narración toma forma teatral sobre las tablas, presentando a dos tripulantes de un vuelo Madrid-Tokio. Por un lado, una licenciada en filología hispánica, entusiasmada e ingenua. Por otro, un colega de profesión que se torna pasajero anómalo al relatarle una particular historia.

Es la historia de un mirón, que Olga escucha, cuestiona y por la que se muestra escandalizada. Pero, a la par, también le provoca morbo, quiere y no quiere oír, quiere y no quiere saber, hasta sentirse arrastrada por la complejidad de una forma de sentir la pulsión sexual tan diferente de la suya. Deseo, ternura, pasión y pecado pasean por los textos, proyectando iluminaciones sobre el erotismo a once mil pies de altura, un espacio que promueve la confesión, las reflexión y una visión panorámica sobre la culpa.

"¿Lo sigues haciendo?", pregunta ella. El vértigo se traslada a los diálogos -ácidos, corrosivos, rápidos y sumamente divertidos, a la vez que cargados de poesía y romanticismo-, guiando una ficción que toma forma en dos asientos repletos de pensamientos y emociones. "Es un viaje que no necesita ni ventanilla ni paisaje para distraernos, porque en el asiento de al lado se abre un abismo terrorífico y excitante", apuntan desde un grupo teatral con más de veinte años de andadura.

"Creo que la obra sorprenderá porque es políticamente incorrecta", sostiene Díaz de Rada. El espectador podrá identificarse con el personaje de Luis, porque, al fin y al cabo, "todos somos un poco mirones". "Es un cuentecito que despertará el mirón que todos lleváis dentro", apunta la actriz donostiarra Naiara Arnedo, que interpreta a Olga junto a un Aginagalde alejado esta vez de los papeles de cínico que suelen adjudicarle.

El punto fuerte de la obra es la relación aparentemente asimétrica. Olga, políticamente correcta, quiere dar clases de español en Japón. Luis, descreído de la literatura, pues cree que lo que cuenta es la experiencia vital. Ingenuidad frente a experiencia. "Quijotización de Sancho y sanchización del Quijote", apuntilla Díaz de Rada sobre una pieza de una hora y diez minutos de duración. Mínima escenografía que se encarga de equilibrar un libreto que propone muchos paisajes para la evocación.

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