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Tribuna Abierta

Conciencia tranquila

por josé ignacio calleja - Miércoles, 4 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 08:24h

cuando era niño, recuerdo que en una discusión entre dos vecinas -en este caso eran vecinas-, una le decía a la otra: "la conciencia, la conciencia te recordará esto que me has hecho". Y la otra le respondía: "la conciencia era verde y se la comió un burro". Yo no entendí la frase, claro está, pero con los años supe de qué iba y el uso que tenía.

Ahora veo que la conciencia, la buena conciencia, es muy importante. La conciencia es ese conocimiento interno que todas las personas equilibradas tenemos sobre lo que está bien y lo que está mal. Creemos que tiene algo de instintivo y primario, y lo sentimos al decir, "no hay derecho a que me hagan esto tan injusto; o a que se lo hagan a otro; o a que se lo haga yo a otros, o contra mis principios". Tenemos una dignidad íntima y última que nos hace saltar contra lo que está mal y alegrarnos con lo que está bien.

Bien sabemos que esa conciencia de la dignidad de la persona, de la justicia y el bien al tratarla, tiene elementos culturales, sociales y familiares. Nuestro ambiente social, nuestra familia, las ideas comunes de la sociedad, la religión, nos condicionan mucho en cuanto a nuestra conciencia. Pero algo en nosotros resiste y, unos con otros, hablando y contando experiencias, tenemos una memoria común de qué está bien y qué está mal, qué podemos hacer sin ofendernos y qué no, y así descubrimos nuestra moral compartida para una vida buena.

Hay una regla fundamental para depurar la conciencia, para afinarla. Es escuchar a los demás, y especialmente, a los que están peor, y después decidir. Recuerdo que en una entrevista a alguien que vive en lujo, le preguntaban por cómo se sentía en conciencia, y decía "yo tengo la conciencia tranquila, y todos los que usted ve conmigo en la fiesta, también la tienen". Yo pensaba, tranquila sí, pero conciencia buena, abierta a los otros, lo dudo. ¿Cómo, si no, derrochar así?

Esto tan abstracto, y que da lugar a tantas discusiones, me gustaría que lo viéramos cuán concreto es y qué bueno para convivir. Concreto, porque discutimos mucho de problemas éticos, pero debemos reconocer en cuántas normas morales estamos de acuerdo. Nuestra cultura moral son los derechos humanos fundamentales y, nuestra discusión, que estamos lejos de cumplirlos en aspectos sustantivos; la vida digna y el modo digno de ganárnosla, es un debate por resolver, pero hemos dado pasos de gigante para llegar a este punto. La conciencia moral es un tema con resultados bien concretos.

Ahora nos toca erradicar la violencia en la política, las guerras, el hambre y la miseria de tantos, y las protección de la vida de todos y siempre. La tarea es inmensa, pero el camino recorrido es mucho. No está garantizado que en moral siempre vayamos hacia delante, pero depende de nosotros verlo y corregir los puntos ciegos de todos, los propios también.

Y decía que la cuestión de la conciencia moral es un asunto bueno para convivir. La gente de conciencia moral cuidada es digna de confianza. No hablo de puros e impuros. Eso es elitismo moral trasnochado e inaceptable. Hablo de conciencia moral abierta a las experiencias y voces ajenas, y especialmente a los que están peor que yo sin culpa propia, por la injusticia social o por los límites de la naturaleza. Ellos son la voz que hace de una conciencia social, conciencia justa.

Hay que atender a esas voces, las de las víctimas de todo orden, y que resuenen en nuestra conciencia: las víctimas son quienes han padecido o padecen un daño totalmente injusto a manos de otros seres humanos, por causa de que no son como yo, no son de los nuestros, no piensan igual, son menos capaces, están indefensos, padecen estado de necesidad… No se trata de un castigo reglado por causa de la ley común, sino de la acción totalmente injusta de quien se comporta como verdugo de otros. Las víctimas, su justicia, es la voz que no puede faltar en una buena conciencia. Conciencia moral buena, no sólo conciencia tranquila.

* Profesor de Moral Social Cristiana de la Facultad de Teología de Vitoria-Gasteiz

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